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domingo, 16 de agosto de 2009

patrona muerta de hambre

Me he enterado que una mujer católica, de esas de biblia sobaqueada, que casi tiene tatuada en la espalda como escapulario, la efigie del Padre Luciano, y en el hombro, la imagen completa del Padre Diabla, es una vieja móndriga que tiene a su sirvienta casi muerta de hambre, y es que para no gastar demasiado en su manutención, a la criadita de origen michoacano, ya se sabe que de Michigan, More, se exportan las mejores azafatas del hogar y los pepenadores de betabel más eficientes de la unión Americana, le compra dos cartones de huevos Santa Clara, dos kilos de frijoles, dos bolsas de nopalitos, tres manojos de epazote, hartos chiles verdes, cuatro tomates, tres kilos de tortillas de las azules, y varios sobrecitos de “kuleis” para su alimentación semanal.

No hubiera habido ningún problema con la criadita michoacana, si la susodicha no se diera cuenta de que en otras casas, sus amigas del mismo origen campesino, comen pizza, carne, pollo, vegetales y hasta se pueden servir coca cola hasta que se les infle la panza, y la pobre, que siempre tiene antojo de todo, pues comentó con una de las nanas de los niños de la hija de la tacaña y recatólica señora, su precaria situación alimentaria, y ya se sabe que las sirvientas, sobre todo las que cuidan a los hijos de las señoras jóvenes, tienen cierto poder de convencimiento sobre sus patroncitas, no en balde, son las manitas morenas que mueven la cuna, así que llegó a los oídos de la patrona negrera que hecha una energúmena, casi como suegra metiche, le dijo hasta de lo que se iba a morir, menos guapa, le escupió en la cara, de manera prepotente, que ella era una india cabrona malagradecida, que se diera de santos de tener trabajo para mandar dinero a su abuelita Eréndira que vive en un risueño pueblito purépecha, que si quería comer carne se mordiera la lengua, porque ella no tenía ninguna obligación de darle de comer, y que si anhelaba tener una alimentación balanceada, que se trepara a los columpios o que pusiera la hamaca de hilo que trajo de su tierra, colgada en las vigas de la cochera.

Si no fuera una señora tan popofona, tan católica y sumamente conocida, yo ni siquiera le habría prestado atención al chisme, pero como esta dama, es integrante de la comparsa cursi de intelectuales cocteleros, de esas, que andan en todas las inauguraciones y presentaciones hasta de libros de contabilidad, pues me llamó la atención que siendo quien es, y que los intelectualillos que dan cursos de todo, hasta de pastelería francesa y origami chino, se deshacen en elogios como si la vieja cuenta chiles fuera protagonista de novela de Isabel Allende.

Claro que la dama pasadita de años, no come pechuga de ángel ni trufas, muchos menos, caviares belugas, ni siquiera agujas norteñas de la Central de Carnes, bien decía mi abuelita Prudencia que el ruin ni de lo propio se sirve, además, como siempre anda entre probaditas de bocadillos de a peso de los cocteles del ayuntamiento que se pasa con vinitos de a dólar de esos que venden en las tiendas de peseta, pues ya cuando llega a su casa, sólo se toma su vasito de leche con dos o tres galletas de coco y como su marido siempre se la pasa de viaje con sus pastillas, ése casi come pura botana.

Yo no soy quien para juzgar a la señora, pero me parece que si se dice muy católica, casi santa, que va a todos los novenarios, misas de difuntos, peregrinaciones y es integrante de Las damas de la panza redonda y del Rebozo de María Inmaculada, pues debería de ser más cristiana con su prójimo, ya sé que no considera como su semejante a la sirvientita michoacana pero le ruego por santa María siempre virgen, que sea más benévola con la pobrecita criada, y ya si de plano no quiere comprarle mandadito en el “eichibí” por lo menos la invite a alguno de sus cocteles, que al cabo, el municipio paga todos esos costosos e inútiles banquetes, aunque luego no tenga dinero para mandar a hacer unos columpios decentes en la placita Libertad Lamarque. Ya dije.

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