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domingo, 16 de agosto de 2009

Los Maestros

No es por andar de revoltoso, ni meterme en lo que no me importa, pero como he recibido acervas críticas por mi artículo acerca de la mala educación en nuestro país, me ha estado dando vueltas y vueltas la idea de que a lo mejor me excedí en los calificativos al referirme a los maestros que no cumplen cabalmente con su chamba, así que, si he ofendido a algún docente decente de cualquier nivel educativo, ofrezco sinceras disculpas, pero quiero aclarar que nunca me he referido a nadie en particular, además, en mi descargo, tengo que confesar que los súper héroes de mis años de infancia, no eran ni Batman ni Superman, mucho menos el andrógino Hombre Araña, sino todos los maestros que sembraron en mi alma, el amor por las letras, y ya sé, si la admiración y el cariño nunca me han cegado, que la mayoría de ellos han cometido errores, Santa Teresa dice que nada de lo humano nos es ajeno, pero tampoco pretendo treparlos a los altares, líbreme Santa Elba Esther de semejante idea, pero nadie puede negar que Juvenal Boone Flores fue un hombre adelantado a su tiempo y que siendo como lo era, un sencillo labriego de las mentes jóvenes, luchó empeñosamente por conseguir que nuestra ciudad tuviera las primeras escuelas, es que la historia del pueblo está tan amañada, que se les ha olvidado a los mayores de 60 años que antes no había ni academias, que si alguien quería cursar la secundaria, había dos posibilidades irse a Laredo, Texas a San Antonio o a Monterrey, claro que solamente los ricos podían darse ese lujo.

Yo nunca hablo de lo que no sé ni me consta, pero lo que antes era la Cosme, así a secas, ahora son dos planteles, es decir la propia escuela de siempre y la Graciano Gómez, pero es el mismo vetusto edificio, claro que los defensores a ultranza de las marrullerías magisteriales, dirán que la población escolar se disparó a tal grado que ya era imposible mantenerlos a buen recaudo en una sola casa de estudios, lo raro es que no existe tal cosa, porque cada salón tiene 20 alumnos con un maestro que falta cada vez que se le hinchan las ganas, algunos, los más honestos, avisan a la dirección para que alguien los supla, los más cínicos y perchones, meten, lo que ellos llaman: “permiso económico”, es decir que aún faltando, les pagan su salario, que es raquítico, estoy de acuerdo, pero ni las criadas de las casas ricas cobran si no van a trabajar.

Yo no vivo de nostalgias ni en el pasado, pero la vida me ha ido devolviendo en flashbacks, los momentos que han sido importantes en mi vida, y recordé que en una de esas rabietas de huerco chiflado -tenía apenas seis años- le dije a mamá que no quería ir a la escuela, entonces, la autora de mis días, que era una preciosa reina cuarterona, me aseguró que la escuela era buena para mi vida y no me convenció hasta que conocí a la profesora Concha de Anda que era un verdadero ángel conmigo, claro que yo la amé desde que la vi, porque me llenaba de atenciones, mimos y cariños; de su magro sueldo, rescataba unos pesos para darme gelatinas, nieves, galletas y dulces, a partir de ese instante, la vida se me transformó en un constante aprendizaje, andando el tiempo, entré a la secundaria Uno, y ahí tuve de maestros a los mejores de la época: a “La Teacher” Rebeca Rábago, al Chespi, a Antonio Sánchez, a Juan Sánchez Balderrama, a Rodolfo Horacio Torres Trejo quien de su propio dinero compró mis primeras gafas de miope, Angélica Treviño, Laura Irma Sánchez Acle, Benjamín Peña y de la Peña, Rubén Miranda Villalba, Tocha Treviño y otros tantos a los que les viviré eternamente agradecido.

La educación en nuestro país es tan mala que ya se está haciendo una revisión de los libros de texto porque tal parece que lo que nuestros educandos aprenden en seis años de primaria, en Cuba, los isleños jetones, lo hacen en dos, así que la malhadada Elva Esther y sus compinches sindicales van a tener que ponerse a trabajar, porque esta etapa de oscurantismo en nuestra educación básica tiene que terminar, que ya se dejen de tanta grilla, y los padres de familia debemos reclamar que pongan más atención a los programas escolares, y que si nuestro gobernador jolivudense Eugenio Hernández Flores y el carismático alcalde Ramón Garza Barrios, quieren tener ciudadanos de excelencia, además de las becas económicas, los niños necesitan buenos maestros de tiempo completo, y no, que hay algunos que son tan pobres, que tienen que tripletear turnos, en la mañana trabajan en la Chano Chavarría, en la tarde en la Academia “Si se puede” y por la noche, imparten cátedra de un doctorado en la Valle del Bravo. Ya dije.

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