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miércoles, 7 de abril de 2010

Mexicali

Poco a poco, como ha de haber ocurrido luego del apocalipsis, se han ido acomodando las placas superpuestas del planeta, y es que ahora, como de seguro ya lo saben, queridos lectores, le ha dado por contonearse a las sinuosas entrañas de la tierra, hace un par de meses le tocó a Haití, luego a Chile, en dosis menos alteradas al D.F, Argentina y algunas ciudades del cono sur, lo espantable es que ahora le ha llegado el turno a las californias, los muy clásicos informadores de nuestra convulsa planilla de periodistas vernáculos, en estos momentos, han de estar pergueñando notas contra el actual sistema político que nos gobierna para anunciar ante propios y extraños, que eso del temblor en Mexicali ha de ser una cortina de humo para difuminar como telón de fondo la gravedad del rubro de inseguridad paisana ante la gavilla de malandrines que nos asuelan por todos los puntos cardinales de nuestra pauperizada nación.

No son, pero a veces se hacen, es verdad que todo lo que ha ocurrido en nuestro país, parece extraído de un alucinante capítulo de un escritor poseído por sus fantasmas internos para asustar a los candorosos ciudadanos de a pie, pero de eso, a querer tapar con tierrita y tantito escombro, las enormes grietas que se han abierto en las entretelas de Mexicali, hay una diferencia abismal, ya se sabe que en esas latitudes tan lejos de este Tamaulipas que dormita a la margen del río, existe una falla llamada de san Andrés, que se ha vaticinado, desde tiempos inmemoriales, se fracturará de tal manera que las californias se separarán del continente para crear caos en donde antes era genésis, el infierno donde antes estaba instalado el paraíso, así que no es de extrañar que los sismos se repitan unos a otros para cumplir lo que según los científicos es destino inexpugnable para esas tierras benditas por la manos de Dios.

Claro que nadie, ni el más diabólico ser humano, desea una catástrofe de tal magnitud para nadie, pero ante la naturaleza indomeñable, la insignificancia del ser, brizna de la majestuosidad del cosmos, nada se puede hacer, sólo resta esperar con paciencia a que el tiempo realice su minucioso trabajo de hilar las circunstancias para que sobrevenga la hecatombe final.

De esa falla de san Andrés, se ha documentando profusamente en libros, películas y archivos científicos, naturalmente que los más apocalípticos, han sido los argumentistas de Jolivud, que son tan dados a magnificar los desastres naturales en imágenes tan apegadas a la realidad que convocan a la gente a las salas de cine para observar con espanto, como los ríos se salen de sus cauces, los edificios enormes se desmoronan como castillos de naipes y los seres humanos sucumben ante la tragedia que se los traga para desaparecerlos de la faz de la tierra.

Mexicali ha sufrido un sismo grave de 7.2, hay miles de damnificados, muchos se han quedado sin hogar, otros, han sido presos de la angustia de no saber que va a pasar en los instantes que se sucedan, el pánico es una forma instintiva de protegerse contra la desaparición de la especie humana, lamentablemente nada se sabe de estos temblores, se conoce lo que los provoca, pero nunca se puede determinar el momento exacto en que habrán de ocurrir estos terremotos, no hay manera de otorgarle horario a la devastación, lo verdaderamente trágico es que la naturaleza no tiene palabra de honor y puede ser hoy, en este instante preciso o mañana, o cualquier día, ayudemos en la medida de lo posible a nuestros hermanos de Mexicali y oremos para que el buen Dios sea magnánimo con todos ellos. P.D: Hay que estar atentos a lo que pidan por los medios difusores para proveerlos de lo más esencial para que continuen con su vida cotidiana dentro de la normalidad posible.

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