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viernes, 15 de octubre de 2010

El Obispo claridoso

Dirán misa, pero la verdad es que en la mina pasta de Conchos en Coahuila, no quisieron rescatar ni los restos mortales de los obreros mexicanos, está bien que haya sido por demás inútil emprender una cruzada para encontrarlos con vida, ya que, como se sabe, el carbón emana gases tóxicos y dadas las condiciones adversas en las que trabajaban los mineros, de seguro no había ni un respiradero para que se colara un poco de aire fresco que los ayudara a sobrevivir ante el derrumbe, y el obispo de Saltillo, Raúl Vera con índice de fuego, señaló a las autoridades mexicanas y a los empresarios que se unieron para impedirlo, en cambio en Chile se unieron para ayudarlos a salir y no escatimaron en gastos para lograr dicha proeza, dichas declaraciones fueron emitidas por Monseñor en los micrófonos del programa radiofónico de Carmen Aristegui.
En Twitter se armó la de Dios es Cristo a ese respecto, incluso, a algunos tuiteros que defendieron la postura del gobierno federal ante la barbarie contra los pobres mineros coahuilenses, les llovió duro y macizo, de unos hijos de no sé qué mala madre no los bajaron, naturalmente que no estoy a favor de los insultos en lugar del debate, pero es que nadie puede defender lo indefendible, además, lo dijeron como para restarle méritos a la extraordinaria e incansable labor del presidente Sebastián Piñera, que si bien es cierto, el rescate de los 33 mineros, le ha servido para catapultarse a los cuernos de la luna, ya que, el reality que pudo haberse convertido en una tragedia, se transmitió en vivo a todo el planeta, se estima que lo vieron alrededor de mil millones de personas, además dice el Talmud que quien salva una vida, salva al mundo entero, así hubiera sido un solo minero, hubiera valido la pena el despliegue logístico que sirvió para rescatar de las fauces de la tierra a los obreros chilenos que nunca perdieron la esperanza de que serían rescatados con vida, a pesar de que todo hacía pensar que los abandonarían a su suerte, el chistecito costó más de 22 millones de dólares, pero hasta donde tengo noticias, no todo el dinero salió del erario, sino que magnates paisanos y otros extranjeros, hicieron generosos donativos para auspiciar la odisea que finalmente rindió frutos exitosos.
No pude ver paso a paso, a cada minero que fue rescatado, ya que eran demasiadas horas para quedarme en estado vegetativo ante la televisión, pero lo que observé fue suficiente para darme cuenta de la envergadura del operativo y la confianza de los mineros que gracias a que ellos mismos instalaron fibra óptica y una especie de sala de prensa con luces infrarojas, pudieron verse las imágenes de las entretelas de la montaña, de hecho, también había teléfonos con los que, desde el exterior daban las instrucciones precisas para que nada se saliera de control, en fin, que el milagro en la mina se hizo realidad, una de las cuestiones que más llamó mi atención es que nuestra virgen de Guadalupe estaba en todos los altares con incienso y veladoras, incluso varias de las fervorosas mujeres chilenas portaban estampas con la efigie de nuestra morenita del Tepeyac, ese detalle tan significativo, estremeció las fibras más sensibles de mi ser católico, porque en momentos así no hay nada más poderoso que la unión espiritual entre los afectados, y nunca más cierto eso de que la fe mueve montañas, naturalmente que hubo de todo en las distintas transmisiones, porque algunas televisoras de plano se vieron muy cursis, otras muy amarillistas y patéticas, que querían dar al evento un sesgo demasiado moquiento, claro que como hay muchos canales para elegir, pues cada quien mira lo que le parece más acorde a sus necesidades de información, en fin, qué bueno que ya los 33 mineros están a salvo, y de pasta de Conchos, ojalá algún día se sepa la verdad. Oremos.

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