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martes, 9 de febrero de 2010

Bicentenario

A pesar de las apreturas económicas que padecemos actualmente, cada pueblo; aún los bicicleteros, los tierreros y los globeros, andan en chinga juntando sus centavitos para tronar hartos cuetes y adornar con papel picado tricolor las plazas de armas, pero la única duda que me queda es: ¿qué chingaos vamos a celebrar?, está bien, demos por hecho que somos una soberana nación con nombre ficticio, ya que aunque todos conozcamos a México como México, en realidad no se llama así, es decir, dicho apelativo es un apodo, porque en los papeles oficiales, es más hasta en el escudo nacional, bueno, si las monedas lo dicen muy claro: ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, o sea que no somos mexicanos, sino estadounidensesmexicanos, a veces me asombra la sagacidad de mi mente, claro que entiendo que no soy el único que se ha dado cuenta de tan incomprensible dislate, también es cierto que estamos acostumbrados a constreñir los nombres, como a mi tía Chole que se llamaba Soledad y no porque estuviera siempre sola, si tuvo quince huercos, así que mejor me callo, tampoco es tan grave lo de nuestro gentilicio nacional.
En vísperas de las fiestas del bicentenario, el país está dando patadas de ahogado, pero eso no importa, ahora lo que preocupa a todos los políticos paisanos es la organización de pachangas por todo lo alto, aunque no he sabido que ningún dignatario haya enviado regalos por estafeta o DHL a nuestro presidente Calderón, será acaso por temor a algún ataque terrorista, porque en tiempos de don Porfirio, conste que no me refiero a Muñoz Ledo que el malhadado político ha sido de todos los partidos y con ninguno ha realizado buen trabajo, sino a don Porfirio Díaz el káiser oaxaqueño, que a fuerza de interesarse por la cultura francesa, se fue difuminando su broncíneo color de piel hasta quedar totalmente níveo, incluso quienes lo vieron partir al exilio en el Ipiranga, dieron en pensar que quien se iba era Maximiliano, aunque al emperador ya le habían dado matarili en el cerro de las campanas, no, no es albur, si no soy chilango, sino norteño, por cierto se dice que Maxi, así le decía su esposa Carlota que se hizo la loca para que no la mataran, entregó una moneda de oro a sus asesinos para que no le dispararán en la cara para que su mamá lo pudiera reconocer.
Los obsequios que las naciones extranjeras mandaron a don Porfirio, eran muestra de la admiración al dictador, aunque algunos simplemente desaparecieron al paso del tiempo, ya se sabe que los políticos en turno del poder, cuando les gusta algo del mobiliario público simplemente se lo llevan a su casa, por ejemplo algo que todavía existe en la capital, regalos de Francia; es el reloj chino de Bucarelli y una estatua de Luis Pasteur que esa quien sabe donde estará, un busto del Barón de Humboldt que envió Alemania, una estatua de George Washington presente de los gringos y que por muchos años adornó la aristocrática colonia Juárez, total que de casi todos los países del planeta, con motivo de las fiestas del centenario de la independencia, enviaron valiosas muestras de afecto a nuestra nación, aunque ahora, digo todavía hay tiempo para que los dignatarios se pongan guapos, nadie ha dicho esta boca es mía, a lo mejor ya entrado septiembre, empiezan a llegar las miles de obras de arte en conmemoración del bicentenario, por lo pronto, los gringos ya nos están regresando a muchos paisanos, y no por la vía de la diplomacia, sino porque no hay chamba, así que si les dan a escoger, prefieren morirse de hambre en su México, lindo y querido.
A lo mejor ya ni se acuerdan queridos lectores, que en alguna columna perdida en los prontuarios cibernéticos les prometí que abordaría el tema del bicentenario, pues en la presente Guillotina pueden ver que yo si cumplo, muy pronto comentaré lo del comité tamaulipeco que organizarán las patrióticas fiestas en nuestro estado, que según el himno estatal, sigue dormitando a la margen del river. Ya dije.

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