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jueves, 11 de agosto de 2011

Las mujeres de JFK

Digan lo que digan, Jack Keneddy, tuvo y mantuvo a dos de las mujeres más deslumbrantes en la historia contemporánea del mundo, una de ellas; Marilyn Monroe; piruja carísima, sex symbol y regular actriz jolivudense, y la otra, elegante, educada y sofisticada, o como dice mi hermana Nena “sotisficada”, Jackie Keneddy; una lo llenaba de placer y la otra le otorgaba el carisma que necesitaba para sentirse poderoso, admirado y envidiado por hombres y mujeres. En su discurso en la cámara de comercio de Dallas, ante los ricos empresarios texanos, bromeando, JFK declaró ante el micrófono: “Hace dos años atrás en París, me presenté como el hombre que acompañó a la señora Kennedy a París, y tengo esa misma sensación mientras recorro Texas, nadie se pregunta lo que vestimos Lyndon y yo”.
Marilyn Monroe, en cambio, le decía a John Kennedy: “acostarme con el presidente es un deber patriótico, quiero ser un soldado”, a lo que, Robert Kennedy, le replicaba: “enlístate con los marines”, claro que, era una manera sardónica de asegurarle que estaba loca de remate, y es que su hermano Bobby, que en ese entonces, era el Fiscal General, la tenía que servir de tapadera, porque Marilyn era muy voluble y como siempre andaba hasta las chanclas, pues le marcaba al presidente a cada rato, pero él no podía contestarle las llamadas desde la Casa Blanca porque había un registro de los telefonemas, por tanto, al poderoso fiscal le tocaba el ingrato papel de presentarse en la casa de la hermosa actriz para tratar de detenerla en sus arranques de apasionada ira, y es que, en sus locos desvaríos, estaba segura de que siendo como era, tan hermosamente seductora, John F. Kennedy la amaba tanto que le había prometido en sus deliquios tálamicos, que se divorciaría de la primera dama para casarse con ella, tal vez, eran ciertas las promesas, en el sentido de que, si se revolcaba con ella, tenía que haberse prendado de sus encantos que, dicho sea de paso, sus atributos físicos y su personalidad arrobadora, le habían agenciado millones de admiradores alrededor del mundo.
Jackie, asumió su papel de Primera Dama con nobleza y gracia, era una reina sin corona, pero supo mantenerse en su sitio de señora, a pesar de que, su mujeriego marido, se acostaba con todas las que podía, no dejaba ninguna para comadre, y eso que, siempre andaba enfermo, vivía drogado para poder soportar sus achaques, la verdad, es que Jackeline Bouvier Kennedy, a pesar de haber sido considerada un ícono de la mujer triunfadora, de haber posado para todas las portadas de las revistas más prestigiosas de los Estados Unidos y del mundo, en realidad, vivía agobiada por el fantasma del escándalo a causa de las múltiples y reiteradas infidelidades de mister president, una de tantas, pero supongo que la más importante, o mejor dicho, la más humillante, fue la relación extramarital que JFK sostuvo con la despampanante Marilyn, ya que, era tan público el amasiato, que los veían acaramelados en todos los sitios, supongo que la artista tenía otros amantes muy peligrosos, tal vez, de la mafia, y por ello, el servicio secreto gringo se preocupaba por la integridad del presidente,
Jackie, sobrevivió al atentado en el que asesinaron a su esposo, con gallardía y donosura, Marilyn no corrió con la misma suerte, ya que, a la postre tendría una horrenda muerte, en ese entonces, las versiones giraban en torno a un presunto suicidio, y es que, Monroe era drogadicta, se desayunaba un coctelito de mejorales con cafiaspirinas y un curado de nopal, la realidad es que, como el monje loco, nadie sabe, nadie supo, cada año en el que se conmemora un aniversario luctuoso, surgen nuevas hipótesis; una más descabellada que la otra, en fin, que Jackie y Marilyn, digan lo que digan, fueron mujeres de Jack Kennedy, tal vez haya sido el poder lo que sedujo a las dos, porque tampoco él era el más guapo de todos.

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