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sábado, 6 de agosto de 2011

La fiesta de Chano

No vuelvo a emborracharme en jueves, al menos, no hasta el amanecer, y es que, Sammy, un amigo de mi sobrino Robi, me invitó a una fiesta de graduación, yo, confieso ante Dios Todopoderoso y ante ustedes, queridos lectores, que ni siquiera conocía al festejado, es más, ignoraba los estudios que el susodicho había cursado, pero como a la gorra, ni quien le corra, así que, me puse en remojo desde muy temprano, me embarré la mascarilla de aguacate con chispitas de chocolate para tener el cutis terso y planché mi pantalón Armani, obsequio generoso de una distinguida amiga, que me compró durante una visita de tres días que hicimos a Nueva York, ya en la noche, como a eso de las once, llegué a la rumbosa fiesta, en las inmediaciones del salón, había una docena de muchachos, todos vestidos de manera adecuada para la ocasión, así que, ni tardo, ni perezoso me bajé del carro, en cuanto puse un pie en la banqueta me dieron mi primer trago de varias decenas que bebí, a veces, no sé cómo puedo tomar tanto alcohol, y es que, en mi calidad moral de antiguo cronista social de las mejores recepciones de nuestro puerto fronterizo, tuve que aprender a libar con moderación, pero sin descanso, sobre todo con la certeza de que, estando entre tanta gente, no podía permitirme el lujo de andarme cayendo de ebrio en los corrillos apretados de la mejor gente de nuestra ampulosa sociedad, la cita de la noche, ocurrió en el salón Jesús, que está ubicado en la colonia La Joya, que, francamente no conocía ni por referencias, también es cierto, que nunca he sido merodeador de parajes ignotos, nunca me meto a sitios que no conozco, que tal, si en una de esas incursiones a regiones extrañas, se me presenta una situación que no pueda controlar, tengo que reconocer, que en el desarrollo de la reunión, me llevé varias agradables sorpresas, estuve bien atendido por mi anfitrión de la noche, que nunca me permitió pararme de la mesa, el vino corría a raudales, los cigarros nunca cesaron de fluir, las botanas para picar, la música a todo volumen con un buen sonido, pero sin estridencias, a una hora precisa, Chano, el graduado, se dirigió a los presentes en el lugar para solicitar su atención, y los mariachis callaron, es decir, se hizo un silencio atmosférico para que el festejado hiciera uso de la palabra, por cierto, que lo tuvo que hacer a viva voz, porque el micrófono nunca quiso funcionar, en sus manos, llevaba un diploma enmarcado en negro, luego, pidió la presencia de sus padres al frente del atiborrado salón, pero como estaba muy emocionado, lo único que Chano pudo decir, fue un: “gracias por aguantarme todo lo que me aguantan, los quiero mucho”, por supuesto que todos nos emocionamos muchísimo, yo estuve a punto de soltar el llanto y el moco, me contuve nada más por pudor, después de la ceremonia del orgullo de Chano por tener buenos padres, siguió la pachanga con buen ritmo, los brindis por el graduado continuaron toda la velada, solamente que, tras el anuncio, de que estaría amenizando la Banda san Isidro a partir de la una de la mañana, y como el reloj siguió su marcha hasta las tres, pues todo mundo empezó a desesperarse, aunque nadie se movió de su lugar, como a eso de las tres y media, llegaron los integrantes del grupo, yo no los conocía, supongo que son muy populares, ya que, nada más empezaron a tocar, los asistentes se levantaron a bailar al ritmo de los tamborazos, eso es lo que está de moda por estos tiempos, de hecho, los artistas que ejecutan este tipo de música, han desplazado a los cumbiancheros en los gustos de la gente, en fin, que resultó una noche magnífica, en la que hubo de todo un poco, quiero agradecer a Chano por su espléndida anfitronía y felicitarlo de nuevo por su graduación, le deseo todo género de dichas y éxitos profesionales, que Dios le dé larga y buena salud entre nosotros, y que bendiga a sus padres por tanto amor que le prodigan. Así sea, y así será.

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