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jueves, 18 de agosto de 2011

Cierta edad

A “cierta edad” no se está ni muy joven, ni muy viejo, sino todo lo contrario, es la justa edad en la que nos podemos morir de antojo o vivir 50 años más, lo único malo de la “cierta edad” es que ya no se pueden hacer las mismas cosas de antes sin correr el riesgo de parecer un pendejo, van a decir que estoy loco de al tiro, pero el lunes me levanté con esa nerviosa moneda tamborileándome en los dedos, y conste, que no es porque me sienta un viejillo inservible, lo que pasa es que el espejo me devuelve una imagen que ya no reconozco, sé que ese que está frente a mí, con los ojos de toro loco y cejas de gusano quemador, soy yo, el mismo de siempre, y al observar mi propio reflejo, les juro por Dios que me mira, que no me consuela el absurdo viejo dicho de “el corazón no envejece, el cuero es el que se arruga”, la realidad es que, el corazón es el primero que chochea, pero también se arruga el cuero, no vayan a pensar que estoy deprimido, si no tengo razones de peso para andar con esas mariconerías, aunque los expertos dicen que, la bipolaridad mental, es una de las causas básicas para el suicidio, espero que no me vaya a ocurrir como a mi tía Sonia del Carmen, que un día se paró de la cama con los dos pies izquierdos y la machucó un carro, ahora no tiene ni los dos pies izquierdos, a lo que voy, es a que, uno se queja por todo y de todo, la verdad es que, no hay por lo qué quejarse, ni siquiera por la muerte, que es una idea vaga de la eternidad, finalmente, todos nos hacemos viejos, algunos lo llevan con mayor dignidad que otros, la realidad es que el tiempo, el inexorable tiempo, en su loco vaivén no se detiene nunca, lo mejor de la “cierta edad” es que no hay que demostrarle nada a nadie, se vive en una especie de protagonismo obsoleto, y los jóvenes todavía no tienen la experiencia necesaria para darnos un empujón y sacarnos de la escena pública, poseen el ímpetu, el vigor, los deseos, pero no saben lo qué deben hacer para treparse al tren que los habrá de conducir al estrellato, lo peor de todo, es que la “cierta edad” es la antesala de la vejez, vejez, esa que, si no sabemos cómo sobrellevarla nos traerá amarguras, desesperanza y desolación, a mi me gusta leer de todo, y en cada libro me oxigeno el alma, por supuesto que no leo a cualquiera, habiendo tantos escritores tan buenos, pues no me voy a asomar a las novelitas pedorras que se están escribiendo en la actualidad, también es verdad que eso es lo que vende y si nunca se han vendido tantos ejemplares, pues los dueños de las empresas editoriales, tienen que sacar adelante sus negocios, en fin, estar en la “cierta edad”, en la que muchos se vuelven invisibles, pero en la que otros, se convierten en protagonistas de historias en horario triple A, un amigo cercano me preguntó que si me sentía viejo, la realidad es que si, que de repente se me cansa el caballo, que no sé si voy o vengo, que la vida en este pinche pueblo se ha vuelto insostenible, que lo único que vale la pena, al menos para mí, es que, como soy muy encerrado, no extraño tanto la fiesta de la vida que hace unos años era continua en Nuevo Laredo, y que, no tengo que salir a ningún lado para ganarme el pan de cada día, y si tuviera que agradecer por este milagro cotidiano de amanecer respirando y escribiendo, sería a Dios y a todos ustedes, asiduos lectores, que con asomarse a mi columna, ya me están dando la oportunidad de ganarme la vida, perdonen la invectiva, no era mi intención andar de llorón por los rincones de esta Guillotina, pero ya saben que, de repente, me pongo nostálgico, moquiento y mamón, disculpen las molestias causadas por este artículo que parece un soliloquio ante el espejo, les prometo que no pasará muy a menudo, nunca ha sido mi estilo quejarme de la vida, para mañana les prometo un artículo chistoso para reírnos juntos de la vida, emulando al viejón norteño Cruz Treviño Martínez de la Garza .

1 comentario:

Chucho Espinosa dijo...

De repente me despierto, pienso y siento igual que tu.

Bonito día Fer

Chucho Espinosa