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martes, 9 de marzo de 2010

!Por amor de Dior!


No que no me hayan gustado, pero es que los Oscares son tan predecibles, digo, me encanta ver a las preciosas mujeres enfundadas en atavíos suntuosos, joyas refulgentes y maquilladas de la cabeza a los pies, sobre todo a las que lucen elegantes, ya que no es lo mismo que la mona se vista de seda a que paseen su galanura copiándole los andares a María Félix, que digan lo que digan sus detractores, amén de hermosa tenía percha, porte, distinción y caminaba pisando el aire, y no cualquiera de estas pirujillas talámicas de jolivud puede presumir de lo mismo, a mi la que me gusta con lo que se ponga es la Jeniffer López, que además ha mejorado mucho en su “modo de estar” ya que antes se le notaba su origen, pero ahora se desenvuelve en la red carpet con una naturalidad pasmosa, claro que ser considerada un ícono de la moda, le ha otorgado confianza que se nota cuando traspasa la línea imaginaria en la que deambula esta belleza puertoriqueña que no niega la cruz de su parroquia.
La españolísima Penélope Cruz, quien no es que sea guapa, supongo que el maquillaje le ayuda bastante, ya que tiene tipo como de bailaora alcohólica de flamenco, pero luce perfecta con lo que se ponga, no por nada abrió la ceremonia de los premios partiendo plaza con su espectacularidad escénica, nominada como mejor actriz de reparto por su papel en el musical "Nine" deslumbró con un vestido de raso rojo oscuro de Donna Karan con escote palabra de honor rematado con unas jaretas en pico, otra de las actrices que brilló con luz propia fue Cameron Díaz con un vestido dorado de Oscar de la Renta que acompañó con unos pendientes de aro en oro blanco, amarillo y rosa con incrustaciones de diamante de Cartier de 49.500 dólares, así como un anillo de diamantes valorado en 58.100 dólares también de Cartier, una que antes era regordeta, mofletuda y caderona, la británica Kate Winslet, y ahora es una muñeca de porcelana, paseó su espléndida belleza por la alfombra roja con un vestido de Yves Saint Laurent plateado en dos piezas y un collar de diamantes valorado en 2,5 millones de dólares a juego con unos pendientes de diamantes amarillos de 10 quilates y un brazalete.
No crean, queridos lectores, que las actrices llevan un solo vestido a la fiesta de entrega de los premios a lo mejor de la cinematografía jolivudense, ya que uno es con el que desfilan por la ondulosa alfombra roja, uno con el que se sientan en la butaca, y otro distinto para acudir a las diversas recepciones lujosas con algunos de sus múltiples patrocinadores, es decir, con las revistas de moda, con las marcas de joyas, con los ricos empresarios productores cinematográficos, con los diseñadores de alta costura, y es que estas bellezas tienen el compromiso de mostrarse lo más que puedan, ya que tampoco es de a gratis la carita perfecta y el cuerpo esculpido, todo se lo deben a sus dietas de hambre, tratamientos moldeadores, cremas carísimas y hartas cirugías, porque lo que no les dio la naturaleza se lo compran al cirujano a precios estratosféricos, pero éstas no acuden con Valentina de Albornoz ni con el carnicero de la esquina, sino con los que si estudiaron para tales efectos, lo bueno es que de eso viven muy bien, aunque francamente, con la cámara descarnada y las potentes luces de los reflectores, no pocas extrañaron los filtros suavizadores de arrugas y el fotochop de los artistas de las computadoras que les quitan todo vestigio de edad y si les falta carnita donde debe ir abultado, pues les ponen unos retacitos con güeso para que luzcan como diosas del Olimpo, en fin que esto de la moda y las féminas voluptuosas siempre han ido de la mano, diré como decía mi añorada amiga La Baronesa de la Madero cuando candoroso de mí, osaba preguntarle si tenía que ir con distinto vestido a cada fiesta que la invitaban y ella, con esa voz aterciopelada de inconfundibles estudiados matices, me contestaba: “!Por amor de Dior! No me vuelvas a preguntar eso, querido Ejecutor.

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