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miércoles, 20 de enero de 2010

Haití S.O.S

Devastado. Luego del terremoto, esa es la palabra que describe el desolador panorama que se observa en Haití. Tal parece que los diablos le hubieran bailado encima. Nunca he sido demasiado morboso, al menos no con el dolor ajeno, pero al ver la destrucción total de la isla caribeña, no puedo sustraerme a la tragedia que envuelve a este pauperizado país. Lo que he observado me ha dejado con el alma transida de pena, y es que, ante la muerte, no hay palabras que sirvan de consuelo.
Dentro de ese contexto de perturbadoras imágenes, se mueven grandes esfuerzos para tratar de rescatar a los sobrevivientes atrapados entre los escombros, pero lo malo es que no hay manera de acceder hacia las profundidades de la tierra, la verdad es que todavía falta la maquinaria especializada que no ha llegado, y como dijo don Teofilito… ni llegará.
Dicen que durante las primeras horas luego del terremoto, se escuchaban los gritos de dolor como ecos angustiosos de los que se negaban a darse por vencidos a pesar de que tenían miles de toneladas encima de sus aspiraciones por aferrarse a la vida, pero los vecinos no podían hacer gran cosa, ya que con las puras uñas, sin máquinas, bueno, ni siquiera contaban con palas, picos o azadones para remover las ruinas, lo único que les quedaba era sentarse a esperar sin esperanza, a hablarles a los enterrados vivos, para que por los menos no se sintieran abandonados, aunque de antemano ya conocían el final de su historia.
La ayuda sigue llegando por toneladas, pero no hay comida que alcance para tanta gente, y es que todo está perdido, dicen los reporteros que cubren la catástrofe, que nunca se ha visto tanta destrucción en tan reducido territorio. Puerto Príncipe, por ejemplo, está derruido el ochenta por ciento, es decir, ni aunque pasen cien años podrán levantarse desde sus escombros, y por si fuera poco, son los más pobres del continente, así que, o los países ricos los ayudan para que se levanten del polvo, y no queden en calidad de ectoplasmas, porque si es así, la vida que vivan será tan miserable que vivirán a medias.
Haití sigue latiendo en el corazón del planeta, y los medios difusores de noticias, han estado pendientes de que se sepa la realidad, por lo menos servirá para que los que puedan ayudar en algo, lo hagan a partir del conocimiento de lo que ocurre en esa isla que está agonizando cada minuto que transcurre, lo bueno es que la ayuda ha estado fluyendo, lo malo es que se ha quedado atorada en el aeropuerto y en los caminos, ya que no hay suficientes personas que estén organizando la entrega, lo peor es que tampoco existen camiones y la gasolina es escasa, lo que han hecho es trepar víveres, implementos y guarniciones, y arrojarlos desde helicópteros, pero también ese ha sido un gran conflicto de intereses entre los damnificados, porque en no teniendo nada, ahora que literalmente les llueve comida del cielo, pues se quieren volver locos de alegría, y es natural que se guarden parte de lo que agarran en el río revuelto, ya que eso es parte de la supervivencia, todos los seres humanos tenemos un chip genético para que ante un evento que ponga en peligro la vida, pues de inmediato se disparen esas alertas.
En fin, espero de todo corazón que lo que siga para tan hermosa isla, sea lo menos terrible para ellos que son alegría y sol. Deseo que se levanten todos a vivir con cadencia y soltura. Que bailen al ritmo de sus recuerdos africanos y que todo esto que han padecido se les diluya entre las manos, que lo tomen como una amarga experiencia, sobrecogedora por lo que implica del terror causado en sus corazones.
Hoy me desperté infundido de fe, y no sé ni porque lo digo, tal vez sea una premonición establecida en sueños de bienestar para los haitianos, pero estoy completamente convencido, de que un día, aunque ahora parezca imposible, se sacudirán los miedos, se abrirán a la vida, desplegarán sus alas y volverán a sonreír. Oremos.

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