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martes, 9 de diciembre de 2008

El Encajuelado

Conste que a mi no me gusta el chisme, es muy distinto ser un profesional de la chismografía, a que me dedique a andar de chismoso por todos lados, claro que como mi materia prima para redactar la columna, son los rumores, los dimes, diretes y los secretos divulgados, es mi obligación estar bien enterado de todo cuanto ocurre en nuestros diversos ámbitos sociales, como en este caso, que les voy a hablar acerca de un tipo al que encajuelaron pero no crean que por andar de malandrín sino porque estaba en actitud sospechosa en plena vía pública con una “niñita” de pelo corto.
He de confiarles queridos lectores, que esto de andar investigando aquí, allá y más allá, tiene sus bemoles de fastidio, porque uno como titular de la columna, es decir, el que da la cara, pues tiene que atar los cabos, unir las piezas del rompecabezas y cotejar las versiones, porque a veces, sólo a veces, hay gente que exagera la nota, y lo que pudo haber sido y no fue, lo convierten en una tragedia griega, siendo que no era para tanto, y tal aclaración, la hago, sólo porque unos cybersuscriptores de la presente Guillotina Social han estado insistiendo en que no he publicado la historia del jotito al que pescaron con un bat ajeno, y como no pudo comprobar la procedencia legal de dicho tolete, pues a unos metiches moralistas, les dio coraje que anduviera jugueteando nerviosamente con dicho artilugio, y no sé si por homo fóbicos o envidiosos, pero lo agarraron a puros patines nada más por aquello de no te entumas y lo bajaron de su carro a punta de cachetadas de padrastro mariguano, claro que el otro, aunque muy grandote, no es muy ducho para los madrazos –que no es mala palabra, sino el apellido de un político tabasqueño--, así que ni opuso resistencia, dicen, que el susodicho, luego platicó muy asustado a sus comadres que en realidad son machirrines pero les encanta al igual que a él, asomarse por la ventana a ver quien viene mientras algún otro lo detiene por la cintura para que no se vaya a caer al “window” precipicio, que creyó que era la esposa del novio que los había pescado in fraganti, pero ya para cuando lo encajuelaron, si le dio mucho miedo, que hasta se persinó con la izquierda para protegerse del maligno, lo que le pareció más sospechoso es que a su compañero de jugueteos sexuales, no voltearon ni a verlo, así que se le enchinó la piel y se le frunció el entrecejo, cuando lo aventaron como puerco a la cajuela de un carro y como suele ocurrirles a los que esperan un desenlace fatal, le pasó toda su vida como en barajitas de dibujos animados, pues en ese trance, se la pasó hasta el amanecer, y según comentó a una de sus mejores amigas estilistas, que él oía mucho ruido en el exterior, y supuso que estaba en “Disneylandia” hasta que alguno de ellos, ya bien P2, se le ocurrió abrir el maletero del coche y efectivamente, El Encajuelado no andaba nada perdido, porque el sitio indicado era el que se había imaginado, dicen, los que saben de estos asuntos de amores contrariados, que lo que ocurrió es que uno de los que los treparon al carro, había sido víctima del tipo, cuando era un jovencito, y que cuando lo vio se acordó de él y quiso meterle un susto, ya que este sujeto además de bocón le encanta andar de sonsacador de niñitos para con engaños y falsas promesas de amor, llevárselos de paseo mientras les enseña unos perritos.
De ésta se salvó, pero quizás de otra ya no le ocurra lo mismo, y es que ese hombre de seguro tiene un santo protector que lo encubre muy bien contra daños de terceros a primeros, porque nada les costaba a los malandrines, hacerle como Beto El Boticario, “nada por aquí nada por allá y ojos que te vieron subirte, nunca te vieron bajarte”.
Espero que esa aventura del bat ajeno, le sirva de escarmiento para ya no andar en la calle buscando amores ajenos. Ya dije.

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