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domingo, 16 de enero de 2011

Santo súbito

Tal vez no les contado que cuando viví en la ciudad de México, trabajé al lado de la bella doctora Gina Fernanda Aguilar Williams de Zuno, en una fundación de ayuda para menesterosos, y en la delegación Álvaro Obregón que administraba su esposo el Notario Público Luis Eduardo Zuno Chavira, se encontraba enclavada, precisamente en la calle que lleva el nombre del sucesor de san Pedro en la colonia Guadalupe Inn, la Nunciatura Apostólica, que no es otra cosa que la sede diplomática de El Vaticano en nuestro país, así que en su última visita a México, de Su Santidad El Papa Juan Pablo II a México, nos correspondió a los colaboradores de dicha demarcación política, andar de vigilantes durante su visita, a mí, me tocó junto a otros compañeros estar de guardia permanente a unas cuadras del edificio en donde se hospedaba el hombre que con su carisma espiritual conquistó a los mexicanos, claro que auspiciado por el nefasto Padre Marcial Maciel cuya oprobiosa vida ha sido tan publicada en todo el mundo, pero ahora no me referiré a las andanzas del pederasta fundador de la orden de Los Legionarios de Cristo, sino que ahora que me he enterado que El Papa Viajero ha sido elevado a los altares de la santa romana iglesia católica, me ha dado mucho gusto, ya que, aunque es cierto que dejó pasar ciertas alimañas en el poderoso emporio espiritual que encabezaba, tampoco es de él toda la culpa, y es que para esos espinosos asuntos existe dentro del clero, una especie de policía encargada de investigar las anomalías al interior de la milenaria iglesia.
En esos días en que prestaba mis servicios como voluntario a la asociación benefactora, se escuchaba el run run de que Su Santidad estaría de visita en la ciudad de México, y como es natural, pues todos los católicos empezamos a inquietarnos jubilosamente por su inminente llegada, les tengo que confiar, queridos lectores, que jamás me pasó por la cabeza que yo, un sencillo ser humano, tendría la ocasión de privilegio de poder verlo de cerca, claro que cuando ese hecho ocurrió, pues me llenó de un fuerte impacto, y es que Juan Pablo II, ha sido, sin duda, el pastor del rebaño católico mundial, que más ha calado en las entretelas de los feligreses, un tanto por su bonhomía y don de gentes, pero también por su evidente santidad, que fue adquiriendo conforme pasaba el tiempo, en su asunción al trono católico, allá por el año 1978, no se le veía gran dominio de escena, se le notaba como que el anillo del Pescador le quedaba grande, empero andando los días, con tantos viajes hacia los diversos países del planeta, pues fue adquiriendo potestad plena de su jerarquía, así que luego de que las circunstancias se fueron acomodando a su favor, al poco rato, ya manejaba a las masas enfebrecidas de fe, y con una sola frase, lograba que los estadios llenos de ovejas retumbara como si el mismísimo Dios Padre hubiese bajado de los cielos, tanto así, que los estudiosos del comportamiento humano se preguntaban una y otra vez, las razones, para ellos, inexplicables, de que un solo hombre, fuera capaz de convocar a las multitudes de ese modo tan magnético.
Juan Pablo II, visitó México en innumerables ocasiones, se dice que ha sido El Papa, y por lo que se ve, será el único, que haya estado en nuestro país en giras pastorales tan extensas como productivas, igual estuvo en Monterrey que en Guadalajara, y siempre con un enorme éxito de asistencia muchedúmbrica, pues ahora, los católicos paisanos, entre los que me incluyo, estamos muy contentos por su asunción a los altares, algunos, los más radicales, han puesto en tela de duda, la rapidez de su santificación, pero eso era casi inevitable, el día de la ceremonia está programada para el primero de Mayo de este año, yo, no creo que vaya a poder estar presente, pero lo veré por tele, que al cabo, es como si asistiera en persona, ya que El Vaticano, tiene gran experiencia en la transmisión de estos eventos. En 2005, al acaecer su sensible fallecimiento, en la plaza de san Pedro, se escuchó: “Santo súbito”, ahora ya es un hecho.

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