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martes, 17 de agosto de 2010

Comida chatarra

Yo no sé para qué le mueven tanto a lo de la comida chatarra en las escuelas, si desde siempre se ha vendido puro mugrero en las cooperativas escolares, y es que el bien peinadito Lujambio se siente como si fuera uno de esos hombres que promueven la sana alimentación en el mundo, además, le aviso, que jamás podrá erradicar ese cáncer alimenticio de las escuelas, porque es un negociazo redondo que deja cantidades inimaginables para los encargados, y los niños ya están acostumbrados a los fritos con harto chile, a los tacos de harina con frijoles mal cocidos, a los chicharrones escurriendo en manteca, a las cocas en bolsitas, así que no le muevan mucho al avispero que pueden salir bien picoteados.
Nada más para que se den un ligero quemón, queridos lectores, este es el top 5 de los alimentos preferidos por los huercos: 1. Refrescos (Coca-Cola y/o Pepsi). 2. Papas fritas y chicharrones (Sabritas y/o Barcel). 3. Pastelitos y panes (Bimbo y Marinela). 4. Dulces de chamoy y con chile (Lucas). 5. Embutidos, hamburguesas, tortas, hot dogs y tacos. Tampoco es cosa de que los niños vayan a preferir las frutas y las verduras en charolitas higiénicas o pechuga de ángel marinada con rocío del cielo, pero es que es tan sencillo mandar a los encargados de las cooperativas a confeccionar menús, ya no digo delicados, por lo menos, equilibrados en calorías y nutrimentos, además, con los mismo ingredientes pero de mejor calidad, lo raro de todo este arguende es que a todos los de la SEP se les olvida que los niños deben ir bien comidos desde las casas, pero las mamás son medias huevonas, pues no les dan de desayunar ni siquiera un huevito revuelto con chorizo, porque ahora todas las señoras se escudan en que ellas también trabajan y que no tienen tiempo para guisar, o sea, es que de plano las nuevas generaciones no tienen las mamás que se merecen, yo me acuerdo que mi sacrosanta progenitora era una de esas viejas que se levantaba con la fresca de las cinco de la mañana para hacer un buen desayuno, digo, tampoco muy equilibrado, al menos en mis tiempos, no se usaba eso del conteo de las calorías, que eso es de un tiempo a la fecha, pero me paloteaba mis tortillitas de harina, mis frijolitos llorones, papas con chorizo, quesito con chile, chicharrón en salsa, tal vez por eso, adoré tanto a mi madre que aún en estos días, la sigo recordando con perenne ternura y gratitud, lo raro es que en ese tiempo, había un programa de desayunos escolares implementado por el gobierno federal, no sé si algún vez les he comentado que estuve en la Cosme Pérez, gloriosa primaria cuyo director el grandioso profesor Santos Guzmán Treviño papá de mis inolvidables amigas Chayo Guzmán de Barrera y de Ángeles Guzmán de Barragán, nos hacía ver lo importante de la educación cívica, esa que la educación moderna ha olvidado, entre otras cosas, nos decía que la corrupción era impensable y que nos condujéramos con estricto apego al respeto al derecho ajeno y generaciones enteras nos apegamos a dicha enseñanzas, lo único malo es que se nos olvidó transmitirlas a las generaciones que nos precedieron, pero eso fue nuestra culpa, nos sentimos libres de educar a los que seguían bajo esas premisas, en fin que lo que les quería comentar, asiduos fans, es que en esa época jamás vendieron chatarras, incluso, corrían de las puertas de los recintos escolares a los vendedores mal intencionados, a los que ofrecían calorías inútiles les daban una patada en el “yunou” para alejarlos de ahí.
Tal vez fueron otras épocas, otros los tiempos, otras las personas, pero lo que es un hecho es que jamás volverán a ser iguales, ni aunque lo digo Lujambio, ni la horrenda Elba Esther, si quieren que los niños coman saludable, que los eduquen bien, que se dejen de politiquerías estériles, que piensen primero en los niños, que son los que harán suyo este país, que entiendan que nadie es eterno, que la vida sigue su cuso sin importar colores ni jerarquías. Ya dije.

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