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viernes, 17 de octubre de 2008

Las Secretarias

“Licenciado, licenciado, le sirvo el café azucarado. En la copiadora siempre nos besamos y en la sala de juntas ni nos saludamos. Licenciado, licenciado, en sus piernas le tomo el dictado; traje gris, cara larga, corbata roja. Cuando él marca mi extensión me pinto los labios de rosa nacarado, me abro la blusa, me siento a su lado y al oído yo le digo los recados.
Para esto tengo vocación, nadie captura datos como lo hago yo, minifaldas ajustadas, tacones altos soy una pu… en la mesa y una dama en la cama. Todas quieren con él, porque es inteligente y va pa’presidente pero él me quiere a mi. A mí, a mí, a mí”.
No vayan a creer, queridos lectores, que lo anterior es una carta que me encontré en la oficina de algún prominente empresario del pueblo y aunque ya sé que les va a parecer harto extravagante, resulta que es el guión de una rola de Amandititita la autoproclamada Reina de la Anarcumbia, van a decir que ya de al tiro me volví loco de sanatorio, pero como dijo Jack El Destripador, vamos por partes, la tal “Hartista” así, con hache, tiene cuerpo de enanita torera y cabeza de gigante de Carnaval, uno la ve en la pantalla televisiva y no hay otra alternativa que caer de rodillas y agradecerle al Creador, estar completo de todo a todo o por lo menos, no ser un fenómeno de circo.
La mentada canción sigue con un estribillo que no viene al caso transcribirlo, pero luego de esa tonadilla melcochosa, una voz de hombre, entre mamona y fresa, canta lo que sigue: “Tengo un Mercedes Benz y un Penthouse en Nueva York. Tengo un rolex submarine. Siempre visto Christian Dior. Me junto con la Créme de la Créme. Soy el más asediado; sólo tengo un problema y es que soy casado.
Mi amante es una secre que no tiene ni maestria pero… ¿como le hago? si mi esposa tiene estrías. Una cuida a los niños y en la casa los quehaceres; la otra me hace guiños y completos mis placeres”.
Cualquier semejanza con la vida real es pura coincidencia, aunque la mera verdad, yo conozco historias actuales y pasadas, en que las secretarias no eran como esta de la canción, sino muy aprovechadas, pasadas de veras y además con ínfulas de grandes señoras, aunque algunas demasiado listas lograron casarse con el patrón y otras no consiguieron su objetivo de convertirse en señoras con lustroso apellido, pero si les jincaron un güerco o las más cínicas hasta varios hijos.
“Ese Peluchito que está en el monitor me lo dio el licenciado cuando se me declaró. Sobre el escritorio le entregué mi amor. Aunque él está casado me quiere un montón, por como escribo, por como camino, por mi taquigrafía, por mi buena ortografía porque tengo el currículo ordenado y mi traje sastre siempre está planchado”.
Los mentados metrosexuales, por favor no confundan a los “metros” con los otros, a los que les gusta mucho el chapete, el polvo, el rimel y las tangas, ahora que no es mal visto que sigan solteros a los 40, los exigentes señores ejecutivos, si acaso les dan a elegir, prefieren una secretaria de tiempo completo y una novia de entrada de por salida.
Con la mano sobre el monitor de mi Lap, les prometo que en el transcurso de la otra semana, les contaré la prometida historia del hombre que en lugar de correr pa’primera emprende el sigiloso vuelo aleteándole rumbo al jardín central, al mismo que dicen las lenguas de doble filo que lo pescaron con las manos en la palanca de velocidades del carro de un amiguito, lo único raro del asunto es que el coche era automático.
A lo mejor el susodicho creyó que era un micrófono y hasta aprovechó para mandar besos y saludos a sus comadres. Las cosas que hay que ver en este repapalotero pueblo. Pero de que los hay, los hay.
Les aviso que me voy de viaje corto y relampagueante, ái les encargo el changarro, como ya adelanté la columna del domingo e hice la del lunes, aprovecharé para irme de pata de perro un par de días. Por favor no le abran la puerta a extraños ni platiquen con desconocidos y si alguien les quiere enseñar unos perritos, digan que si y háblenme al radio. Ya dije.

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