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viernes, 17 de octubre de 2008

"Dejad que los niños vengan a mi"

Mi comentario del viernes anterior, respecto a la misa de acción de gracias que se llevó al cabo en la famosa parroquia de la Sagrada Familia ha tenido repercusiones mundiales, y vean ustedes si no, una ciber suscriptora de mi columna, radicada en Dinamarca, se ha indignado ante el inusitado hecho, ya que, según me confió la católica señora, se niega a creer que un sacerdote permita que las madres mitoteras se salgan con la suya, al convertir el templo, que debe ser un lugar de oración y recogimiento espiritual, en una sucursal del Kinder Mi Alegría.
Mi amá se enojaba conmigo, cuando le reclamaba el comportamiento de alguno de sus nietos chiquitos, y nada explicaba al decirlo, pero era la única defensa que tenía: “los niños son niños” y se encaboronaba conmigo, si yo le agregaba, en franca burla y socarronería: “…y los viejitos son viejitos”.
Ahora, después de tantos años, comprendo lo que significa eso de los niños… (re sic), sobre todo para las mimosas abuelas consentidoras, que hagan lo que hagan, los güercos nunca tienen la culpa de nada, siempre y cuando, esas angelicales criaturas de El Señor, sean de similitud consanguínea y lleven sus apellidos.
Los otros, los de las demás, son los abusivos y orates, como en el sonado caso de la misa de kinder en la emblemática iglesia de la colonia jardín, claro que en este momento las señoras madres de familia que organizaron dicho oficio religioso, han de estar diciendo, de seguro una de esas aleluyas de biblia sobaqueada le han de haber pagado al “ijodesú” para que hablara mal de nosotras y de nuestros retoños o el tal por cual columnista ha de ser de la misma religión del Tom Cruiz en la que comen puras yerbas como las vacas y los chilangos.
La verdad es que nadie me paga para decir lo que digo y escribir lo que escribo, expreso nada más lo que veo y escribo como Dios me da a entender, porque ya lo he dicho en varias ocasiones, que en el renglón de mis estudios profesionales agregado a mi curriculum, tengo un doctorado en ábaco electrónico que cursé en la escuela primaria Chano Chavarría Nocturna, un secretariado bilingüe en el Bernardino del Raso, ¡Ah! y un curso de computación en la academia Justo Sierra que justamente ya cerró.
Si esto que les transmito, no fuera una inocente columna social, sino un parte del Ministerio Público, diría en su contenido que varios chamacos rijosos andaban disfrazados como de “jalouin” presuntamente bajo el influjo de alguna sustancia tóxica que dada el color oscuro y su alta viscosidad, se presume que sea chocolate hershey o de ese que sale de los güevos del Kinder Sorpresa, y como los imberbes, además, son “Imperativos” (así diría mi hermana Nena), pero el concepto correcto es hiperactivos, pues con ese aditivo extracalorico, se les recargan las baterías a millón como al Conejito del “Eneryaizer”.
En el lugar de los hechos, también se encontraban unas señoras en amena plática, mientras en el fondo del establecimiento, un hombre de túnica muy colorida, hablaba como pa’dentro, y entre las bancas, volaban las mariposas de peluche con antenitas de papel de china y una bolita de algodón quirúrgico en la punta.
En los evangelios, Jesús solicita: “Dejad que los niños vengan a mi, de ellos es el reino de los cielos” y yo creo que si es cierto, pero primero se deben de educar para sacarlos a la calle y convivan con la gente en sitios públicos, sobre todo en lugares santos como los templos, en donde se imparte la eucaristía que yo que soy católico de hueso colorado y me sé, de memoria, capítulos completos de la biblia, considero que es una ceremonia tan solemne y metafísica, que debemos inculcar a nuestros hijos a que sean respetuosos con lo divino.
…Y que conste en actas, señor Juez del Ministerio, no soy ningún Herodes y a pesar de que esos hechos antes señalados en el lugar que se indica, me han indignado sobremanera, tengo que terminar este artículo con una sabia cita de mi sacrosanta Madre que en gloria está: “los niños, son niños”. Ya dije.

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