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domingo, 2 de diciembre de 2012

El beso de san Lázaro


Nunca he entendido para qué chingaos tantos pactos de paz y de concordia, si no tienen el verdadero anhelo de que se cumplan, porque eso hablaría mal de ellos, es decir, los diseñan exactamente para lo contrario, y es que, a los políticos les encanta andar creando dependencias u acuerdos para proteger a los ciudadanos de ellos mismos, o sea, de los propios funcionarios que inventan de la nada instituciones en las que solamente gastan más dinero en la faramalla mediática para emitir el mensaje de que todo sacrificio merece la pena si es por el bien de la guadalupana nación, y todo esto, lo digo por el Pacto por México que acaban de firmar los partidos, ya sé que debería de haber empezado la columna con la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, pero el tema está tan sobeteado que a estas alturas del lunes ya es historia, lo que sí es un hecho, es que el beso de Felipe Calderón a la banda presidencial, quedará registrado en los anales de nuestra mexicana historia, tal como el abrazo de Acantempan, nadie puede criticar al ex mandatario azul por amar tanto a su desangrada patria, es cierto, no era el momento para el amoroso ritual, pero al menos a mí, me llenó de profunda emoción, incluso, yo, que no lloro ni cuando me pisan un callo, derramé una lágrima al percibir la nostalgia del que se va y deja el inconmensurable poder de gobernar sobre voluntades y almas de millones de seres humanos, no ha de ser nada fácil, el poder es una droga fascinante que eleva al grado de mártires a los que lo ejercen con vocación de servicio a los demás y de traidores a los que la patria los ha demandado por tomar decisiones equivocadas, y lo que se esperaba, los esbirros del belicoso Peje, quisieron armar un san Quintín, incluso, varios de los chamacos arrojaron bombas Molotov, no, no es el grupo de rock, sino una botella ordinaria con gasolina que encendida se convierte en un proyectil de muerte para el objetivo perseguido, por supuesto que la sangre llegó al río, de hecho hay varios heridos, se rumora que hubo un muerto, pero hasta el momento de estar redactando esta Guillotina, no se había confirmado el deceso, la ceremonia de transmisión de poderes transcurrió sin problemas, naturalmente, que nunca faltan los nacos gritones que ardidos tienen que fungir su papel de villanos para desquitar sus sueldos estratosféricos, lo que me gustó de Enrique Peña Nieto, fue que alguien le cambió su manera de hacer uso del micrófono, que su voz no es la misma de hace unos meses, según lo que he podido observar, alguien le ha de estar dando clases de cómo conducirse en público, que el estilo de los políticos antiguos que hablaban como tribunos ante la bola de acarreados, con un fastidioso sonsonete y con discursos hechos como por la misma pluma, se ha quedado obsoleto por los siglos de los siglos, en su mensaje, a don Enrique se le vio muy natural, nunca levantó el volumen, jamás se le notó un acento revolucionario de sus antepasados tricolores, es verdad que se equivocó en varias ocasiones, decía una palabra por otra, dislate que enseguida corregía sin mostrarse intimidado ni nervioso, todos sabemos que México no cambiará de la noche a la mañana, que ni el PRI es la solución a todos los problemas nacionales, ni Peña Nieto es el rey Midas para convertir en lingotes de oro los pobrecitos centenarios que cada día valen menos, yo, en nombre de los ciudadanos decentes, lo único que le pido al ungido con la silla presidencial, es que termine con la violencia galopante que nos asusta y nos agobia, aunque sigamos tratando de sobrevivir con el salario mínimo de 60 pesos diarios, eso no importa cuando lo que va de por medio es nuestra integridad física y nuestra salud mental, deseo de todo corazón que este sexenio que se estrena sea de prosperidad y alegría para la mayoría de los mexicanos, que de nuevo México sea territorio de bonanza, de esperanza y anhelos cumplidos. Ya dije. 

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