La mujer más poderosa del planeta es, sin duda, Michelle Obama, la esposa del presidente de la gran potencia norteamericana, claro que el que sean ricos, no tiene nada que ver, ya que, en su época, Evita Perón, la mujer del General Juan Domingo Perón, era considerada la más influyente del mundo, y eso, que Argentina no estaba en una solvente situación económica, al contrario, pero la ex actriz habilitada a Primera Dama, se dio sus mañas para colocarse en el cénit de la esfera gubernamental de su patria llena de descamisados, como llamaba a los misérrimos chés, que, en ese entonces la única vez que comían carne, era cuando se mordían la lengua, y ella, a pesar de que ese dinerito que gastaba a manos llenas, le hacía falta para dar de comer a sus compatriotas, viajó por todos los países a los que quiso, y en todos, fue recibida con honores de jefa de Estado, y siendo que, solo era la que le calentaba la costilla al presidente de la pauperizada nación sudamericana.
La revista Forbes, que es la que saca todos estos rankings, que son tomados en cuenta por la mayoría de la gente en el mundo, ha enumerado a las diez viejas más trinchonas del orbe, fíjense ustedes, queridos lectores, después de la guapa negra, que algunos dicen, se viste muy bien, pero yo la veo muy garrosita, no que se ponga ropa de El Cañonazo, si hasta eso, se enfunda en las mejores colecciones de los diseñadores más connotados del ámbito mundial, pero le falta percha para ser catalogada como tal, en fin, que ese no es el tema de la presente columna, colocaron en el segundo escaño a Irene Rosenfeld, consejera delegada de Kraft Foods, en tercero a la inteligente Oprah Winfrey, presentadora de televisión y empresaria, en cuarto a Angela Merkel, canciller de Alemania, y como no hay quinto malo en esa casilla treparon a Hillary Clinton, secretaria de Estado de Estados Unidos, en sexto a Indra K. Nooyi, consejera delegada de PepsiCo, en un honroso séptimo puesto a Lady Gaga, cantante provocadora de escándalos del espectáculo, en octavo a Gail Kelly, consejera delegada de Westpac en Australia, en el noveno peldaño a Beyoncé Knowles, cantante cuarterona que tiene las caderas más potentes de la farándula, y finalmente, en el diez, a la lesbiana Ellen DeGeneres, popular presentadora de televisión.
Miren ustedes, asiduos fans, según la revista Forbes, ha colocado en el puesto más alto de la lista, a la esposa del presidente Barack Obama, debido a su gran popularidad entre los estadounidenses, a sus esfuerzos por reducir la obesidad infantil y por haberse convertido en "una Jackie Kennedy con un diploma de Harvard y el sentido callejero de Chicago", explicación que a mí, me parece que no es del todo acertada, pero tampoco me voy a poner a discutir por un asunto que no me compete, además, los lambiscones, unos a sueldo, y otros, de a gratis, tienen que hacer su chamba de servir de comparsa a los poderosos en turno, ya ven ustedes, aquí en México, a Marthita Sahagún, hasta programa de televisión le dieron, y ni modo que sea por su excelente dicción, uno de los factores que llevó al jurado, a tomar tal decisión, según se explica en el comunicado de prensa, es que Michelle no se ha entrometido en asuntos de política dura, aunque los responsables del premio, destacaron cómo sus presiones llevaron a compañías como Coca-Cola o Kelloggs a reducir las calorías en sus productos.
En una siguiente columna comentaré acerca de la lista de las mujeres más influyentes en México, que les adelanto, les va a dar un ataque de risa, ya que, entre las diez, incluyeron a la buena para nada de Andrea Legarreta, que no me cae mal, pero si el hecho de que se ría de todas las tarugadas que hace junto a Galilea Montijo y Ernesto Laguardia en un programa matutino de Televisa, le da derecho a aparecer en ese fementido ranking, entonces, también debería haber aparecido la inefable Carmelita Salinas, que, por lo menos, tiene en su haber hartas películas en las que mienta la madre a diestra y siniestra, y actualmente opina de todo, hasta de lo que no sabe. Ya dije.
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sábado, 9 de octubre de 2010
miércoles, 15 de julio de 2009
Sonia Sotomayor

La diferencia entre los periodistas que trabajan entre nosotros, es decir con la perrada o en los medios nacionales o internacionales, son frases como la que leí en un reporte noticioso respecto a la comparecencia de la puertorriqueña Sonia Sotomayor en el senado estadounidense para desempeñarse como Primera Magistrada en la Suprema Corte de Justicia de la nación: “… sus ojeras le dan un aire trágico y severo”.
Yo estoy convencido de que un buen periodista no debe tener amigos políticos, que nadie puede ser juez y parte, que no todo mundo puede decir abiertamente como Aristóteles. “yo soy más amigo de la verdad que de Platón”, no todos tienen la vergüenza y la decencia, de oponerse a los decretos de los mandamases que sintiéndose con el mismo poder que ejercen los dictadorcillos tropicales, que se creen que gobiernan a los habitantes de Holanda y no a una bola de muertos de hambres casi con taparrabo, naturalmente que no se trata de luchar a mordidas y a patadas, o como dicen los vernáculos tundeteclas, “a periodicazos” sino en el debate de las ideas y de las razones para beneficio de los verdaderos dueños del rancho, es decir, de los ciudadanos de a pie.
Sonia Sotomayor espera el veredicto con ese aire trágico y severo, que de seguro en otras manos ineptas, esa percepción hubiera sido totalmente distinta, porque ya se sabe que los periodistas paisanos son totalmente empíricos, y los que tienen estudios, se van a lo seguro, para comer con manteca y firmar ellos mismos las becas escolares en colegios particulares para sus hijos o sobrinos, a lo mejor, un colega de nuestro solar porteño, habría malpensado que la mujer pasó una buena noche con una guarapeta de órdago y que necesitaba de manera urgente un clamato levanta muertos que prepara Juanito el cantinero de El Taurino.
En nuestra ciudad hubo una camada de excelentes periodistas, entre ellos, muchos de los que actualmente están en el candelero, y que son producto con denominación de origen en El Diario, pero algunos que se fueron del pueblo también son de ese semillero, solamente que por necesidad, se dejaron absorber por el sistema y embarrados con unos cuantos pesos para los chescos, olvidan la ética para servir al “Señor” o a los Señores, en aras de conservar el sobrecito blanco, yo veo a muchos de ellos con verdadera compasión y no los culpo, porque entre esa cofradía hay miembros que en su época de estudiantes y luego de catedráticos, se decían críticos acérrimos de los “pulpos chupeteadores” como decía en sus arengas el famoso Palillo quien a pesar de que no ostentaba títulos universitarios, denunciaba las canalladas de los dueños de las charolas y de los fueros.
Sonia Sotomayor, según comentarios de los conocedores del tema, solamente por una terrible contingencia ajena a su extraordinaria preparación y larga carrera en el ámbito de la ejecución de leyes e impartición de justicia, podría no ser elevada al máximo rango en la Suprema Corte, y claro que los periodistas gringos no son como los de aquí, que se unen a la cabalgata, aunque sea en burros cansinos, mulas cerreras o ponys zambos, mientras los altos jerarcas andan trepados en caballos de hacienda, así que a pesar de que saben que la abogada de origen hispano está respaldada por el mismísimo Mister President Obama, no se han ido con la finta presidencial para llenarla de elogios y ditirambos, como el seudo periodista local, que trepa a cualquier prófuga de la secundaria nocturna, en un altar intelectual como si fuera una reencarnación de Atenea, para lanzarle entre pugidos, gemidos y suspiros, dulces vocablos que empalagan a los tres lectores que tiene.
Yo por si las dudas, que tal si ahora si mi abuelita Nicole Joan, que en realidad nació con el nombre de Juana Nicolasa en Villaldama, pero se fue desde muy joven a un ranchito cerca de san Ignacio, Texas, me puede pedir para emigrarme, como quiera diré que esos ojitos pizpiretos de nata soplada que luce en la telera gringa, la talentosa y distinguida Sonia Sotomayor, parecen dos luceros mañana que brillan como si tuvieran luz propia. Ya dije.
miércoles, 24 de junio de 2009
Mrs. Obama es elegante
Michele Obama es elegante, de eso nadie tiene duda, pero de qué es verdad que no sabe nada de protocolo, también es cierto, y es que nada más a ella y a Fox se les ha ocurrido, tratar a la realeza del planeta, con tan desparpajada displicencia, al ex presidenchente se le perdona porque ya se sabe de donde proviene, y con todo el respeto que se merece, la inefable Marthita Sahagún tampoco es ejemplo de buenas maneras, si los purepechas michoacanos raza bendita autóctona meshica, todavía usan la tortilla como cuchara, así que con harta vergüenza, no de ahora, sino desde siempre, me he percatado de que nuestra gobernícola raza cósmica parece no cuajar en el asunto de la diplomacia, pero no estoy hablando de los jerarcas chafas que nos ha tocado en suerte para que deambulen por el mundo, sino de la primera dama estadounidense, que dista mucho de parecerse a la estilosa viuda de John F. Kennedy, aunque ya hay muchos lambiscones que la comparan con la sin par, Jackie Kennedy, y francamente, la veo muy ojona para que sea paloma.
Michele es guapa y lo que le sigue, tampoco es cosa de restarle méritos, pero ahora que ha estado enfrentándose al mundo real, se le han ido dos o tres errorcillos, sobre todo a la hora de convivir con la meticulosa reina Isabel II. de Inglaterra, y es que, se supone que el protocolo en esas altas esferas, es demasiado estricto, aunque es verdad que en estos tiempos modernos ya no es tan rígido, como quiera todavía se siguen ciertas reglas que nadie, ni siquiera la esposa del presidente más carismático de las épocas recientes, puede romper, porque resulta que Mrs. Obama como si estuviera en el mercado comprando tomates y chiles cuaresmeños, acompañada de doña Chabela, se atrevió a cruzarle la espalda en un confianzudo abrazo, digo, está bien, que la soberana ya esté chocheando, pero de eso, a que haya perdido el buen gusto de su alta investidura, y que de plano, ignore el rastro de lo que su familia ha representado no solamente en Gran Bretaña, sino en la historia del mundo entero, hay un mar de diferencia.
Es verdad que desde su asunción al trono de Inglaterra ha estado acompañada por el escándalo, porque ni le tocaba a ella la corona, sino a su tío Eduardo, que ya se sabe que abdicó al trono por la pirujilla divorciada de Wallis Simpson, pero eso tampoco importa ahora, sino que siendo como es el asunto del roce social entre esa ampulosa estirpe de sangre azul, nadie debe brincarse las trancas, aunque he de decir en su descargo, que está bien asesorada en lo que se refiere a su imagen y para lucir regia en su primer encuentro con la reina Isabel que asumió el trono en 1952, se enfundó en un traje “Toledo” de dos tonos que incluía una blusa en color marfil, con pretina estilo origami y una falda negra a media pierna para la cena formal, más tarde se cubrió con chaqueta de punto negra, la vestimenta tenía un aire retro, casi parecido al estilo de la princesa Grace de Mónaco.
La señora esposa de Obama deslumbró a propios y extraños el día de la toma de protesta de Barak, luciendo un diseño de la cubana Isabel Toledo, lo que en su momento causó revuelo, ya que la preciosa morena ha marcado su preferencia por autores latinos a la hora de elegir las prendas que habrá de presumir en eventos tan importantes, y su elegancia nada ostentosa, hasta podría decirse austera, que no por sobria, ha dejado de tener acentos clásicos, le ha merecido comentarios halagadores de los diseñadores famosos, y eso que, la primera dama, ha preferido creadores estadounidenses poco conocidos, por encima de los encumbrados mundialmente, que por curarse en salud, se han desvivido en piropos por su estilo sui generis, incluso, los editores de las revistas, esos que marcan las tendencias cada temporada, la han catalogado como una mujer que le da a las prendas su propio toque individual.
Todavía le falta pulirse en el trato socialité, pero su inigualable carisma, sin tratar de opacar a su poderoso marido, seguramente le darán muchos puntos a su favor, y en esta época de crisis económica mundial, que se haya atrevido a re utilizar accesorios, prendas y joyas discretas, habla bien de su persona, que la mesura, la cordura y la congruencia con los difíciles tiempos que corren, son blasones que no cualquiera, mucho menos la primera dama del mundo, puede colgarse para deslumbrar con su serena belleza a los millones de seguidores que ya tiene por todo el orbe.
Michele es guapa y lo que le sigue, tampoco es cosa de restarle méritos, pero ahora que ha estado enfrentándose al mundo real, se le han ido dos o tres errorcillos, sobre todo a la hora de convivir con la meticulosa reina Isabel II. de Inglaterra, y es que, se supone que el protocolo en esas altas esferas, es demasiado estricto, aunque es verdad que en estos tiempos modernos ya no es tan rígido, como quiera todavía se siguen ciertas reglas que nadie, ni siquiera la esposa del presidente más carismático de las épocas recientes, puede romper, porque resulta que Mrs. Obama como si estuviera en el mercado comprando tomates y chiles cuaresmeños, acompañada de doña Chabela, se atrevió a cruzarle la espalda en un confianzudo abrazo, digo, está bien, que la soberana ya esté chocheando, pero de eso, a que haya perdido el buen gusto de su alta investidura, y que de plano, ignore el rastro de lo que su familia ha representado no solamente en Gran Bretaña, sino en la historia del mundo entero, hay un mar de diferencia.
Es verdad que desde su asunción al trono de Inglaterra ha estado acompañada por el escándalo, porque ni le tocaba a ella la corona, sino a su tío Eduardo, que ya se sabe que abdicó al trono por la pirujilla divorciada de Wallis Simpson, pero eso tampoco importa ahora, sino que siendo como es el asunto del roce social entre esa ampulosa estirpe de sangre azul, nadie debe brincarse las trancas, aunque he de decir en su descargo, que está bien asesorada en lo que se refiere a su imagen y para lucir regia en su primer encuentro con la reina Isabel que asumió el trono en 1952, se enfundó en un traje “Toledo” de dos tonos que incluía una blusa en color marfil, con pretina estilo origami y una falda negra a media pierna para la cena formal, más tarde se cubrió con chaqueta de punto negra, la vestimenta tenía un aire retro, casi parecido al estilo de la princesa Grace de Mónaco.
La señora esposa de Obama deslumbró a propios y extraños el día de la toma de protesta de Barak, luciendo un diseño de la cubana Isabel Toledo, lo que en su momento causó revuelo, ya que la preciosa morena ha marcado su preferencia por autores latinos a la hora de elegir las prendas que habrá de presumir en eventos tan importantes, y su elegancia nada ostentosa, hasta podría decirse austera, que no por sobria, ha dejado de tener acentos clásicos, le ha merecido comentarios halagadores de los diseñadores famosos, y eso que, la primera dama, ha preferido creadores estadounidenses poco conocidos, por encima de los encumbrados mundialmente, que por curarse en salud, se han desvivido en piropos por su estilo sui generis, incluso, los editores de las revistas, esos que marcan las tendencias cada temporada, la han catalogado como una mujer que le da a las prendas su propio toque individual.
Todavía le falta pulirse en el trato socialité, pero su inigualable carisma, sin tratar de opacar a su poderoso marido, seguramente le darán muchos puntos a su favor, y en esta época de crisis económica mundial, que se haya atrevido a re utilizar accesorios, prendas y joyas discretas, habla bien de su persona, que la mesura, la cordura y la congruencia con los difíciles tiempos que corren, son blasones que no cualquiera, mucho menos la primera dama del mundo, puede colgarse para deslumbrar con su serena belleza a los millones de seguidores que ya tiene por todo el orbe.
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